domingo, 14 de abril de 2019

II República Española


El 14 de abril de 1931 la primavera acababa de  llegar a toda España y con ella la proclamación de la II República Española, que produjo una explosión de alegría, ilusión y esperanza, dando comienzo a una nueva época..
Tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 que dieron como resultado la victoria  mayoritaria de los partidos republicanos en los municipios con mayor número de habitantes en España, en concreto en 45 capitales de provincia, provoca una oleada de sentimiento republicano en todo el país.

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA CAPITULO 1 EL NACIMIENTO DE LA SEGUNDA REPUBLICA . 14/4/21

Los acontecimientos que desembocan en el cambio de régimen, vienen motivados por la situación vivida en el país con anterioridad. La separación de la corona con las inquietudes del pueblo durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera son palpables, el general dimite en enero de 1930 y el rey Alfonso XIII intenta devolver al país a un régimen constitucional y parlamentario. El primer paso fueron la celebración de las elecciones municipales y posteriormente estaba previsto la realización de elecciones a Corte que tendrían carácter de constituyentes.
En Madrid, los concejales republicanos triplicaban a los monárquicos, y en Barcelona los cuadruplicaban. Los principales centros urbanos representaban la derrota de la monarquía porque en esos núcleos el voto estaba menos adulterado, la presencia de caciques, partidarios en su inmensa mayoría de la monarquía, era menor que la presión que ejercían en las poblaciones con menor número de habitantes. Esto remarcaba la situación de que la corona estaba completamente desacreditada, puesto que se había relacionado demasiado con el régimen dictatorial de Primo de Ribera.
A las diez y media de la mañana del lunes 13 de abril el presidente Aznar entraba en el Palacio de Oriente de Madrid para celebrar el Consejo de Ministros. Preguntado por los periodistas sobre si habría crisis de gobierno, el almirante Aznar contestó:
¿Que si habrá crisis? ¿Qué mas crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?
El gobierno debate la posibilidad de constituir un gobierno de fuerza para no acatar la voluntad popular, pero ante la falta de apoyos de las capitanías generales e incluso del ministro de la guerra, el general Dámaso Berenguer, les aconseja seguir el curso que les imponga la suprema voluntad nacional, finalmente deciden no enfrentarse a la decisión del pueblo.
Incluso el general Sanjurjo, que en el momento de la proclamación era el director de la Guardia Civil, decide apoyar al futuro nuevo gobierno republicano. Posteriormente protagonizaría un intento de golpe de estado en 1932 y perdería la vida en un accidente de avión en julio de 1936 cuando pretendía sumarse al golpe de estado del 18 de julio del mismo año.
El rey decide salir camino del exilio la noche del 14 de abril y el 16  se hace público el siguiente manifiesto, redactado en nombre del rey por el  duque de Maura:
Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo tiempo generosa ante las culpas sin malicia.
Soy el rey de todos los españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado por la Historia, de cuya custodia ha de pedirme un día cuenta rigurosa.
Espero a conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos.
También ahora creo cumplir el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles.
La proclamación no se produce hasta dos días después de las elecciones y de una forma contenida al principio y con todo su esplendor al final. No debemos olvidar que los capitanes Fermín Galán Rodríguez y  Ángel García Hernández fueron ejecutados el domingo 14 de diciembre de 1930 por haber protagonizado la sublevación de Jaca del 12 de diciembre del mismo año, que pretendía instaurar la República en España.
Las tres primeras ciudades que proclaman la República son Éibar (Guipúzcoa), Sahagún (León) y  Jaca (Huesca). Por este motivo el Gobierno de la II República Española les concedería el título de Ilustrísimas Ciudades. Éibar fue la primera de todas las ciudad en la que se izó la bandera tricolor, el 14 de abril, sobre las seis y media de la mañana y posteriormente le siguieron las principales capitales españolas, incluyendo Valencia, Barcelona y Madrid, en la que se izo la bandera tricolor sobre las cuatro de la tarde en el Palacio de comunicaciones, siendo la primera de las banderas que se izaron en Madrid ese día.

Miguel Hernández. Vientos del pueblo

La II Republica española protagonizo un momento en la historia de España que duró escasos cinco años en el que se consiguieron reformas de gran alcance, la obtención de derechos y libertades nunca antes conseguidas.
18 De Julio De 1936 La Guerra Civil Española 18/7/20

sábado, 13 de abril de 2019

Jean de La Fontaine

 

Fabulista y poeta francés cuya fama se debe a sus doce libros de Fábulas, consideradas modelo del género.
Jean de La Fontaine nació en Château-Thierry, Francia, el 8 de julio de 1621 de una familia acomodada: era el hijo mayor de un consejero del rey encargado de la guarda de dominios forestales y de caza. A su llegada a París, en 1635, fue novicio en una orden religiosa durante un año y medio y luego siguió estudios de derecho. En 1652 compró el cargo de maestro particular trienal de Aguas y Bosques y en 1658 heredó de su padre otros dos semejantes. El ejercicio de sus funciones le dio ocasión de observar la vida rústica y le permitió consagrarse a las letras al mismo tiempo.
En 1654 dio a conocer una adaptación de la comedia de Terencio, El eunuco, que le valió los favores del ministro de Finanzas Nicolás Fouquet, a quien en 1658 dedicó su poema Adonis, inspirado en Ovidio, y al que en adelante proporcionó madrigales, sonetos y otros versos a cambio de su mecenazgo. También estuvo dedicada a la gloria de su protector Le Songe de Vaux, manifestación de la estética galante que quedó interrumpida por la caída en desgracia de Nicolás Fouquet en 1661.
La Fontaine
Arrestado Fouquet, La Fontaine le manifestó su apoyo componiendo la Elegía a las ninfas de Vaux como una especie de apelación dirigida al rey Luis XIV. Privado de apoyo y tras una temporada en el exilio, buscó un nuevo protector en la persona del duque de Bouillon. Frecuentó los salones y al mismo tiempo estableció contactos con los medios jansenistas. Los años de 1660 fueron los más productivos de su vida literaria. En 1665 publicó sus primeros Cuentos, inspirados en autores como Boccaccio o La Salle, cuyas historias alteró notablemente, y en 1668 sus primeras Fábulas. Obtuvo un rápido éxito, en parte por el escándalo generado por el carácter licencioso de sus Cuentos, que muy pronto fueron censurados y cuya difusión se prohibió.
Fábulas de la Fontaine Fábula de "El perro y el lobo" 8/7/20
Todavía mayor fama obtuvo, sin embargo, con sus Fábulas, conjunto de narraciones en verso protagonizadas por animales que actúan como seres racionales, y cuyo objetivo es ofrecer una enseñanza moral. Inspiradas en las fábulas clásicas y dotadas de un agudo sentido del humor, fueron agrupadas en doce libros y publicadas entre 1668 y 1694. Las Fábulas constituyen deliciosas comedias y dramas en miniatura, con personajes excelentemente caracterizados, escritas en un lenguaje de gran naturalidad y fluidez expresiva; a través de ellas legó a la posteridad una visión irónica y un tanto escéptica de la sociedad.
En los años siguientes publicó la novela Psyché, el poema mitológico Clymène y otros poemas. Al mismo tiempo que escribió estas obras profanas, a menudo galantes, a veces licenciosas, compuso y publicó obras de carácter religioso como La Captivité de saint Malc y Recueil de poésies chrétiennes, con lo que se manifestó como uno de los autores más fecundos de su época, cosa que la tradición dejó un poco de lado, al no reconocer más que las Fábulas y, accesoriamente, los Cuentos.
Después de haber disfrutado de los sucesivos mecenazgos de la duquesa de Orléans y de Madame de La Sablière, se incorporó al círculo de protegidos de Madame de Montespan, junto a Jean Racine y Nicolás Boileau. Los tres constituyeron el núcleo del partido de los tradicionalistas en la querella de "antiguos y modernos" que se empezaba a gestar en ese momento. Por aquellos años, La Fontaine elaboró su segundo compendio de Fábulas y publicó los libros del VII al XI de esta obra en 1678 y 1679. También intentó, pero sin éxito, imponerse en la producción teatral. En 1683 fue elegido miembro de la Academia Francesa. En 1682 y 1685 dio a la imprenta nuevos compendios de poesías, y siguió luego trabajando en sus últimas Fábulas, publicadas en 1694.
Jean de La Fontaine falleció en Paris el 13 de abril de 1695
Las Fábulas
La fábulas de La Fontaine se agrupan en doce libros. Los seis primeros, que contienen 124 fábulas, fueron publicados en 1668; los cinco siguientes (89 fábulas), en 1678-79, y el último (27 fábulas), en 1694. Su título exacto, Fábulas escogidas y puestas en verso, declara ya el intento del autor: dar forma poética a las mejores composiciones de los maestros antiguos (el griego Esopo y el latino Fedro) y de otros autores modernos. Al comienzo de la obra, La Fontaine traza una biografía un tanto fantástica del inventor del género, Esopo.
La Cigarra y la Hormiga Nuevo Animado en Español . 13/4/20
El fin de la fábula siempre es el de instruir: el autor lo recuerda a menudo, afirmando a la vez su voluntad artística, al declarar que abre un nuevo camino, el de la fábula poética. La fábula, que para los humanistas italianos (Bevilacqua, Faerno) y para los franceses del siglo XVI (Haudent, Guéroult) era un género inferior, alcanza con La Fontaine la grandeza de los antiguos, con un más acusado carácter artístico, abandonando la excesiva brevedad de Fedro. Dejándose llevar por su gusto por la narración, La Fontaine aúna en sus fábulas este amor al relato con la seriedad moral y con la infinita variedad de motivos.
Los primeros seis libros respetan discretamente los modelos y las formas tradicionales, con descarnados apólogos al comienzo ("La cigarra y la hormiga"); más adelante, trata los argumentos cada vez con mayor libertad, de modo que los viejos asuntos resultan transformados y renovados, a veces con sabor de cuento ("La joven viuda"). La Fontaine satiriza la vanidad y la envidia y deplora la maldad humana ("El león viejo"). En general, la suya es una moral de la experiencia, llevada con la serena aceptación de una realidad en la que domina el mal, y que impone la prudencia y la astucia, sin excluir el amor y la piedad. Los animales aparecen tal como los ha fijado la tradición fabulista: no siempre verdaderos según la ciencia, pero siempre vivos.
El frecuente uso del verso libre, la rica variedad de la lengua, el acento personal, lírico, convierten ya en una verdadera y nueva creación esta recopilación primera. Pero la plenitud artística se consigue en la segunda (el último libro añadirá ya pocos méritos), donde el autor demuestra ser uno de los más originales y ricos poetas franceses. La fábula alcanza amplitud de sátira política ("Los animales enfermos de peste"), denuncia el egoísmo hipócrita ("El topo retirado del mundo"), pronuncia palabras de alta sabiduría ("La muerte y el moribundo") o se convierte en tierna elegía ("Los dos pichones", "Los dos amigos"). En ellas aparece un pensamiento más maduro, una intransigencia más viva ante los vicios del hombre, un reconocimiento más elevado de los mejores bienes (la amistad, el sentido humanitario), y una más decidida entrega a lo lírico y lo fantástico.

Enrique González Martínez

                          

Poeta mexicano que a principios del siglo XX clausuró el movimiento modernista hispanoamericano y abrió las puertas hacia una nueva sensibilidad poética, más acorde con los tiempos y la contemporánea aparición de las vanguardias.
Nacio en Guadalajara, el 13 de abril de 1871. Hizo sus estudios secundarios en el seminario de su ciudad natal y cursó después la carrera de Medicina; ejerció su profesión en Sinaloa y se estableció en la ciudad de México en 1911: la prensa, la cátedra, la política y la diplomacia fueron desde entonces sus ocupaciones habituales; subsecretario de Educación Pública en 1919, representó después a su país en Chile (1920), Argentina (1922) y España (1924-1931). En 1946 se le otorgó al poeta el premio nacional Ávila Camacho.
Sus primeros libros de poemas revelan claramente la influencia del modernismo, escuela que por entonces comenzaba su declive. A dicha época pertenecen Preludios (1903), Lirismos (1907) y Silénter (1909). La aparición de Los senderos ocultos (1911) marcó la ruptura del autor con la corriente modernista. Tal rechazo tiene su declaración de principios en el célebre soneto "Tuércele el cuello al cisne".
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ Cuando sepas hallar una sonrisa. 11/1/21
El refinamiento verbal, la sensualidad y las elaboradas metáforas, características de su etapa anterior, cedieron paso a una lírica más contenida e introspectiva que se interroga sobre cuestiones fundamentales como el ser, la muerte y el sentido de la vida. Otras obras importantes de González Martínez son Poemas truncos (1935) y Ausencia y canto (1937).
Soledad tardía 19/1/22
Enrique Gonzalez Martinez falleció en Ciudad de México, el 19 de febrero de 1952

jueves, 11 de abril de 2019

Arquímedes

  

 Fisico, ingeniero, inventor, astrónomo y matemático griego. Nacio en Siracusa, actual Italia, en el 287 a.C. Los grandes progresos de las matemáticas y la astronomía del helenismo son deudores, en buena medida, de los avances científicos anteriores y del legado del saber oriental, pero también de las nuevas oportunidades que brindaba el mundo helenístico. En los inicios de la época helenística se sitúa Euclides, quien legó a la posteridad una prolífica obra de síntesis de los conocimientos de su tiempo que afortunadamente se conservó casi íntegra y se convirtió en un referente casi indispensable hasta la Edad Contemporánea
Pero el más célebre y prestigioso matemático fue Arquímedes. Sus escritos, de los que se han conservado una decena, son prueba elocuente del carácter polifacético de su saber científico. Hijo del astrónomo Fidias, quien probablemente le introdujo en las matemáticas, aprendió de su padre los elementos de aquella disciplina en la que estaba destinado a superar a todos los matemáticos antiguos, hasta el punto de aparecer como prodigioso, "divino", incluso para los fundadores de la ciencia moderna. Sus estudios se perfeccionaron en aquel gran centro de la cultura helenística que era la Alejandría de los Tolomeos, en donde Arquímedes fue, hacia el año 243 a.C., discípulo del astrónomo y matemático Conón de Samos, por el que siempre tuvo respeto y admiración.
Biografía - Arquímedes de Siracusa . 16/5/20
Allí, después de aprender la no despreciable cultura matemática de la escuela (hacía poco que había muerto el gran Euclides), estrechó relaciones de amistad con otros grandes matemáticos, entre los cuales figuraba Eratóstenes, con el que mantuvo siempre correspondencia, incluso después de su regreso a Sicilia. A Eratóstenes dedicó Arquímedes su Método, en el que expuso su genial aplicación de la mecánica a la geometría, en la que «pesaba» imaginariamente áreas y volúmenes desconocidos para determinar su valor. Regresó luego a Siracusa, donde se dedicó de lleno al trabajo científico.
                       
Al parecer, más tarde volvió a Egipto durante algún tiempo como "ingeniero" de Tolomeo, y diseñó allí su primer gran invento, la "coclea", una especie de máquina que servía para elevar las aguas y regar de este modo regiones a las que no llegaba la inundación del Nilo. Pero su actividad madura de científico se desenvolvió por completo en Siracusa, donde gozaba del favor del tirano Hierón II. Allí alternó inventos mecánicos con estudios de mecánica teórica y de altas matemáticas, imprimiendo siempre en ellos su espíritu característico, maravillosa fusión de atrevimiento intuitivo y de rigor metódico.
Sus inventos mecánicos son muchos, y más aún los que le atribuyó la leyenda (entre estos últimos debemos rechazar el de los espejos ustorios, inmensos espejos con los que habría incendiado la flota romana que sitiaba Siracusa); pero son históricas, además de la "coclea", numerosas máquinas de guerra destinadas a la defensa militar de la ciudad, así como una "esfera", grande e ingenioso planetario mecánico que, tras la toma de Siracusa, fue llevado a Roma como botín de guerra, y allí lo vieron todavía Cicerón y quizás Ovidio.
Arquímedes en su representación más
tradicional: abstraído y meditabundo

La biografía de Arquímedes está más poblada de anécdotas sabrosas que de hechos como los anteriormente relatados. En torno a él tejieron la trama de una figura legendaria primero sus conciudadanos y los romanos, después los escritores antiguos y por último los árabes; ya Plutarco atribuyó una «inteligencia sobrehumana» a este gran matemático e ingeniero.
La más divulgada de estas anécdotas la relata Vitruvio y se refiere al método que utilizó para comprobar si existió fraude en la confección de una corona de oro encargada por Hierón II, tirano de Siracusa y protector de Arquímedes, y quizás incluso pariente suyo. Se cuenta que el tirano, sospechando que el joyero le había engañado poniendo plata en el interior de la corona, pidió a Arquímedes que determinase los metales de que estaba compuesta sin romperla.
Arquímedes meditó largo tiempo en el difícil problema, hasta que un día, hallándose en un establecimiento de baños, advirtió que el agua se desbordaba de la bañera a medida que se iba introduciendo en ella. Esta observación le inspiró la idea que le permitió resolver la cuestión que le planteó el tirano: si sumergía la corona en un recipiente lleno hasta el borde y medía el agua que se desbordaba, conocería su volumen; luego podría comparar el volumen de la corona con el volumen de un objeto de oro del mismo peso y comprobar si eran iguales. Se cuenta que, impulsado por la alegría, Arquímedes corrió desnudo por las calles de Siracusa hacia su casa gritando «Eureka! Eureka!», es decir, «¡Lo encontré! ¡Lo encontré!».
La idea de Arquímedes está reflejada en una de las proposiciones iniciales de su obra Sobre los cuerpos flotantes, pionera de la hidrostática, que sería estudiada cuidadosamente por los fundadores de la ciencia moderna, entre ellos Galileo. Corresponde al famoso principio de Arquímedes (todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del volumen de agua que desaloja), y, como allí se explica, haciendo uso de él es posible calcular la ley de una aleación, lo cual le permitió descubrir que el orfebre había cometido fraude.
Según otra anécdota famosa, recogida entre otros por Plutarco, Arquímedes se hallaba tan entusiasmado por la potencia que conseguía obtener con sus máquinas, capaces de levantar grandes pesos con esfuerzo relativamente pequeño, que aseguró al tirano que, si le daban un punto de apoyo, conseguiría mover la Tierra; se cree que, exhortado por el rey a que pusiera en práctica su aseveración, logró sin esfuerzo aparente, mediante un complicado sistema de poleas, poner en movimiento un navío de tres mástiles con su carga.
Análoga concentración mental y abstracción en la meditación demuestra el episodio de su muerte. Según se dice, los ingenios bélicos cuya paternidad le atribuye la tradición permitieron a Siracusa resistir tres años el asedio romano, antes de caer en manos de las tropas de Marcelo. Mientras saqueaban Siracusa los soldados de Marcelo, que al fin habían conseguido expugnar la ciudad, el viejo matemático estaba meditando, olvidado de todo, en sus problemas de geometría.
Sorprendido por un soldado que le preguntó quién era, Arquímedes no le respondió, o, según otra versión, le respondió irritado que no le molestara ni le estropeara los dibujos que había trazado en la arena; y el soldado, encolerizado, lo mató en Siracusa, en el 212 a.C. Marcelo se entristeció mucho al saberlo y mandó que le levantaran un monumento, sacando su figura del tratado Sobre la esfera y del cilindro. Cicerón reconoció por esta figura, muchos años más tarde, su tumba olvidada.
Esta pasión de Arquímedes por la erudición, que le causó la muerte, fue también la que, en vida, se dice que hizo que se olvidara hasta de comer y que soliera entretenerse trazando dibujos geométricos en las cenizas del hogar o incluso, al ungirse, en los aceites que cubrían su piel. Esta imagen contrasta con la del inventor de máquinas de guerra de que hablan los historiadores Polibio y Tito Livio; pero, como señala Plutarco, su interés por esa maquinaria estribó únicamente en el hecho de que planteó su diseño como mero entretenimiento intelectual.
El esfuerzo de Arquímedes por convertir la estática en un cuerpo doctrinal riguroso es comparable al realizado por Euclides con el mismo propósito respecto a la geometría. Tal esfuerzo se refleja de modo especial en dos de sus libros; en el primero de ellos, Equilibrios planos, fundamentó la ley de la palanca, deduciéndola a partir de un número reducido de postulados, y determinó el centro de gravedad de paralelogramos, triángulos, trapecios y el de un segmento de parábola.
En la obra Sobre la esfera y el cilindro utilizó el método denominado de exhaustión, precedente del cálculo integral, para determinar la superficie de una esfera y para establecer la relación entre una esfera y el cilindro circunscrito en ella. Este último resultado pasó por ser su teorema favorito, que por expreso deseo suyo se grabó sobre su tumba, hecho gracias al cual Cicerón pudo recuperar la figura de Arquímedes cuando ésta había sido ya olvidada.

lunes, 8 de abril de 2019

María Félix

 Actriz cinematográfica mexicana. Dotada de una enigmática belleza latina, en su amplia filmografía (que incluye melodramas campesinos y revolucionarios, dramas urbanos y adaptaciones de novelas realistas y naturalistas) encarnó a una criatura altiva y desdeñosa que se rebelaba ante el sometimiento de la mujer al macho arrogante. A medio camino entre la devoradora de hombres y el ideal de la beldad inalcanzable, representó como nadie el arquetipo de la mujer fatal.
María de los Ángeles Güereña. Nacida en el rancho El Quiriego, cerca de Álamos, el 8 de abril de 1914, de niña se trasladó a Guadalajara, donde ganó un concurso de belleza. Estuvo casada con el compositor Agustín Lara (autor de Granada y el chotis Madrid, entre otras) y con el famoso cantante y también actor Jorge Negrete, con quien formó, en muchas películas, una pareja protagonista que ha pasado ya a la historia de la cinematografía mexicana.
Documental: María Félix biografía (María Felix biography 8/4/21
María Félix fue descubierta por el director Miguel Zacarías, quien intentó y logró potenciar aquella "apasionada frialdad" que caracterizaba sus actuaciones. Con Miguel Zacarías debutó en el cine en 1942, interpretando la película El peñón de las ánimas, que inició la lista de los filmes en los que compartía reparto con el que iba a ser más tarde su tercer marido, Jorge Negrete. Trabajó por toda Latinoamérica y también en Europa, sobre todo en España, Francia e Italia, donde alcanzó gran popularidad.
María Félix
El realizador Fernando Palacios le hizo estudiar arte dramático. Con este director consiguió su primer éxito importante en La mujer sin alma (1943), filme en el que tomó cuerpo su arquetipo de mujer bella y altiva. En el mismo año 1943 se le adjudicó el papel estelar de la cinta Doña Bárbara, basada en una adaptación de la obra homónima de Rómulo Gallegos y dirigida por Fernando de Fuentes. En esta película interpreta a una mujer soberbia, dominante, cruel, la clásica "devoradora de hombres" (lo que en el cine estadounidense se denomina "vamp", término procedente del apócope de vampiresa o mujer fatal), que habría de convertirse en su caracterización predominante a lo largo de toda su carrera cinematográfica.
María Félix en Doña Bárbara (1943)
La Doña, como solía llamársela, se convirtió pronto en un mito viviente del cine mexicano. La Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas le otorgó el Premio Ariel a la mejor actriz en tres ocasiones: en 1947, por Enamorada; en 1949, por Río Escondido (ambas películas, al igual que Belleza maldita, dirigidas magistralmente por Emilio Fernández el Indio), y en 1951, por Doña Diabla.
Cabe destacar su interpretación en el film Enamorada (episodio de una cualquiera de las múltiples revoluciones mexicanas), en donde María Félix es al mismo tiempo, y en lucha consigo misma, la instintiva, la hermosa, la esquiva y desdeñosa, la brava, la sometida, la rendida, la enamorada... El último fotograma de esta película (el revolucionario parte vencido y la enamorada corre, descalza y jadeante, para unírsele y compartir su destino) puede compararse a los planos finales del Marruecos de Josef von Sternberg, con Gary Cooper y Marlene Dietrichcomo protagonistas, aunque el gesto de María Félix sea más instintivo y, por ello, más convincente.
En La devoradora (1946)
Los títulos de las películas en las actuó forman una serie interminable. Desde sus inicios, María Félix trabajó prácticamente sin descanso, requerida por directores y productores mexicanos o extranjeros, hasta el punto de que, en ocasiones, llegó a protagonizar tres o cuatro películas anuales. Esto fue, por ejemplo, lo que ocurrió en 1946, cuando interpretó dos películas de título revelador (La devoradora y La mujer de todos) y fue la inolvidable protagonista de Enamorada; también al año siguiente, en 1947, trabajó en La diosa arrodillada, Río Escondido y ¡Que Dios me perdone!
Otras películas de mención obligada son La monja alférez, que plasma en imágenes la azarosa biografía de Catalina de Erauso, aventurera que luchó como soldado en el ejército español del siglo XVII; Amok, adaptación de la novela de Stefan Zweig realizada en 1944 por el director Antonio Momplet; Mare Nostrum(1948), cinta un tanto artificiosa que corresponde a su etapa española, donde la servil sumisión de la línea dramática al lucimiento de la belleza de María Félix no sólo perjudica la continuidad y eficacia del relato, sino que daña también la sinceridad expresiva de la propia actriz y su posible identificación con la heroína; Hechizo trágico (1954) y La Bella Otero (1954), biografía no excesivamente fiel de la famosa cupletista española Agustina Otero, más conocida como La Bella Otero; y Los ambiciosos (1959), uno de los filmes que realizó el aragonés Luis Buñuel en su fértil etapa de exilio mexicano.
Completarían la lista Juana Gallo (1961), La Valentina (1964), La casa de cristal(dirigida en 1967 por Luis Alcoriza), La Generala (1970) y Eterno esplendor (1978, bajo la dirección de Jaime Humberto Hermosillo). En 1970 participó además en la serie televisiva La Constitución. Por lo que se refiere al panorama internacional, cabría poner de relieve su colaboración en la cinta French Can-Can, dirigida en 1954 por Jean Renoir. En ella se lleva a cabo una evocación del Montmartre de 1890, que concluye con una brillantísima y frenética escena de baile en el Moulin Rouge. En 1981, la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas le otorgó un Ariel especial como reconocimiento a su dilatada y fecunda trayectoria cinematográfica, así como por su aportación al panorama interpretativo mexicano.
(María Felix falleció en Ciudad de México, el 8 d abril de 2002

La escultura Venus de Milo

(Afrodita de Venus) diosa del amor y la belleza, es una obra del período clásico helenístico griego. Fue descubierta el 8 de abril de 1820 en la isla de Milo, de donde proviene su nombre, parte de los archipiélagos Melos, en Grecia.
Imagen relacionada
Venus de Milo
 No se No se sabe a ciencia cierta el autor de la famosa escultura de Venus de Milo. Los expertos asignan la obra a artistas de Antioquía, ya que fue encontrada con otras obras de esa región. Algunos de los autores que se le asignan son; Alexandros o Agesandros.

Venus de Milo es una escultura hecha de mármol blanco. Mide 211 centímetros de alto y pesa 900 kilos. Actualmente se encuentra en el mismo lugar donde fue dada a conocer por primera vez al público: en el Museo del Louvre, en París.
venus de milo
Venus de Milo
 Características y análisis de Venus de Milo
La escultura Venus de Milo se caracteriza por reflejar la belleza clásica de una de las diosas más veneradas tanto por los griegos como posteriormente por los romanos. Los griegos la designaban Afrodita y los romanos Venus, siendo para ambas culturas la diosa de la fertilidad, la belleza y el amor.

Venus de Milo muestra la maestría del artista que la creó aproximadamente en el siglo II a.C., a pesar de que comporta rasgos del estilo clásico del siglo IV a.C.
Venus de Milo and the Intersection of Beauty and Politics 8/4/21
LA VENUS DE MILO HISTORIA Y CURIOSIDADES . 8/4/20
 Venus de Milo está en una posición que muestra movimientos serpenteados reflejando naturalidad y realismo. La rodilla doblada, mientras está en pie, refuerza el contorno de sus formas.

El manto drapeado que cubre a Venus, desde su zona púbica hasta los pies, está tallado con gran maestría creando relieves y movimientos que imprimen nuevamente un realismo sorprendente.

No se sabe la razón de la ausencia de brazos de Venus de Milo aunque ha generado varias teorías basadas en la mitología griega y romana para su interpretación como, por ejemplo, aquella que indica que es un símbolo del poder de la belleza de Venus, ya que aún sin brazos consigue enamorar a cualquier humano o, desde una perspectiva contraria, los brazos se encuentran ausentes para quitarle poder a la diosa.

https://www.significados.com/escultura-venus-de-milo/

miércoles, 3 de abril de 2019

Graham Greene

 

 Novelista y periodista británico. Nació en Berkhamstead, Reino Unido el 2 de octubre de 1904  Estudió historia en Oxford y en 1926 inició su trayectoria periodística en The Times, del que más tarde sería subdirector. Posteriormente ejerció como crítico cinematográfico y director literario de la revista The Spectator; durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para el ministerio de Asuntos Exteriores británico.
En sus primeras novelas, entre las cuales destacan Orient Express (1932) y Una pistola en venta (1936), Graham Greene combinó un hábil tratamiento de la psicología de los personajes con las técnicas de la narrativa de espionaje, género que lo cuenta entre sus mejores maestros, junto a figuras como John Le Carré, Frederick Forsyth o Ian Fleming. A estas obras siguieron Brighton, parque de atracciones (1938), El poder y la gloria (1940), El revés de la trama (1948), El tercer hombre (1950) y El fin de la aventura (1951).

Graham Greene: The Beginning of The End Of the Affair 2/10/19

Todas ellas presentan personajes presionados por el factor ambiental, que luchan por su liberación o su afirmación. La problemática católica -el autor se convirtió al catolicismo en su juventud- no afecta ni entorpece el curso ágil de sus tramas argumentales ni convierte la acción redentora de los personajes en una lección moral. El tercer hombre es quizá su novela más conocida, debido a la adaptación cinematográfica de Carol Reed (con guión del propio Greene), en la que Orson Welles interpretó magistralmente a Harry Lime, una de las grandes creaciones del escritor.
EL PODER Y LA GLORIA de GRAHAM GREENE 3/4/21
Graham Greene acentuó la visión pesimista que tenía de la condición humana en novelas posteriores como El americano impasible (1955), Nuestro hombre en La Habana (1958), Un caso acabado (1961), El cónsul honorario (1973) y El factor humano (1978). Autor prolífico, también cultivó el relato y el drama; El cuarto de estar (1951) es su pieza teatral más conocida.
Graham Greene falleció en Vevey, Suiza,el 3 de abril de 1991